v.02  n.02  2018
Democracia y Periferia
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Democracia y Periferia
Entrevistas
Conceição Evaristo: inmortalidad para más allá de un título

por Ivana Dorali [*]

 

Foto: Márica Farias

Traducción elaborada por Analía Yeruti Galván López, Bruna Macedo de Oliveira, Diego Giovanni Vargas Rodríguez, Jose David Rosales Alferes, Mario René Rodríguez Torres y Rocio Esther González Fariña, miembros del proyecto de extensión “Laboratório de Tradução da UNILA”

Ella es una de las mayores escritoras de la actualidad. Escribe libros que mezclan sus memorias de mujer negra de favela en ficción, con el estilo bautizado como escrevivencia. Sus escritos generan identificación con sus pares y tiende a llevar a las reflexiones sobre género, raza y clase. “Mi escrevivencia no es para adormecer la casa grande, sino para molestarla en su sueño de virgen”, dijo en la entrevista.

En los últimos años, Conceição Evaristo ha cumplido una agenda repleta de ocupaciones: charlas, eventos, premios y entrevistas. Un reconocimiento que, a pesar de su larga trayectoria profesional, sólo llegó a los 70 años.  La escritora afirma tener consciencia que la demora se debe a su condición como mujer negra.

En este año, Conceição Evaristo se presentó como candidata para el club de los inmortales: la Academia Brasileira de Letras (ABL). La campaña de la sociedad civil #ConceicaoEvaristonaABL no conmovió el círculo, que jamás tuvo una mujer negra entre sus miembros. Sin embargo, a escritora ha recorrido un camino que apunta que la falta del título de la ABL no la hace menos inmortal que los laureados, considerando la unicidad de su obra.

Las condecoraciones de su trabajo son muchas. Conceição Evaristo fue tema de la Ocupación Itaú Cultural, en 2017. Ganó el premio Jabuti de Literatura de 2015, en la categoría Cuentos y crónicas, por “Olhos D’água”. Recibió, también, los premios “Faz a Diferença” [Hace la Diferencia], categoría prosa, 2017; el premio Claudia, categoría cultura, 2017; el Gobierno de Minas Gerais le otorgó un premio de literatura; además de haber sido premiada como destaque en 2017, por la revista Bravo.

En el Instituto Maria e João Aleixo, Conceição Evaristo recibió el premio “Mestre das Periferias” [Maestra de las Periferias] en agosto de este año. Pero se engaña quien piensa que los homenajes la deslumbran, para ella es una responsabilidad. “Esos premios tienen significado. Pero tampoco quiero ser vista como excepción, a través de esos premios deseo aprovechar la posibilidad de romper con ese imaginario que nos afecta colectivamente”, me contó en nuestra charla.

Comprendiendo la importancia de su figura para nosotras, mujeres negras, ansiaba por nuestro encuentro. Frente a una agenta tan repleta, tardó un poco, pero valió la pena la espera. Más de que una entrevista, el momento fue una charla entre mujeres negras que se reconocen en sus trayectorias y ancestralidad.

Entre tragos de cerveza negra – preferencia de la escritora – hablamos sobre su infancia y juventud en la favela en Minas Gerais, comprensiones de la participación de la población negra en la ciudad, su escrevivencia en la Literatura, su importante representatividad para Conceição Evaristo: el Bar Amarelinho, en Cinelândia, centro de la ciudad Rio de Janeiro.

ENTREVISTA A CONCEIÇÃO EVARISTO

Ivana Dorali: Primero, quiero agradecer profundamente porque estamos aquí, en el Bar Amarelinho[1], en Cinelândia, cerca de Lapa[2], un lugar tan importante para usted y para esta entrevista. En segundo lugar, pero no menos importante, me gustaría destacar cuán representativa es su imagen, quien usted es, una referencia importante para nosotras, mujeres negras. Por eso, cuando decidimos hacer esta entrevista, le pedí a Islene, su asesora, que fuera en un lugar representativo para usted, porque creo que, así como las personas, los lugares que nos son representativos, nos hablan por el corazón. Por esa razón, quiero entender por qué el Bar Amarelinho es ese lugar representativo e importante para usted.

Conceição Evaristo: Bien, el bar Amarelinho es un lugar al que voy desde los años 70, en mis primeros años aquí en Rio de Janeiro. No sé exactamente cuándo fue la primera vez que estuve aquí. Quien me trajo por primera vez fue un exnovio, justamente cuando llegué a Rio de Janeiro. Y aquí, por ejemplo, tuve la oportunidad de ver, de lejos, a Solano Trindade[3]. Hubo un momento, a finales de los años 70, en que era muy común que el Movimiento Negro se encontrara aquí. Entonces, llegué a ver a Jorge Mugugu, Lélia González, Beatriz Nascimento y a Carlos Alberto Caó en el Amarelinho. Toda la militancia más antigua del Movimiento Negro se encontraba aquí. Después, terminé la relación con aquel novio, las personas mayores o de mi edad se acuerdan, porque él era parte de un grupo de cantantes negros que fue muy famoso, era el grupo “Nilamare y sus cantantes de Ébano”. Ese muchacho pertenecía a ese grupo, tanto así que su apodo era Ébano. Después, la relación terminó, y conocí a mi marido en el barrio Glória y él también comenzó a ir al bar. Osvaldo… ¡Me muero de nostalgia! [Refiriéndose al nombre del marido]. Como él estaba muy involucrado con la samba, comenzó a ir a este lugar conmigo. Y vinimos mucho, bastante. Cuando quería encontrar a alguien, a algún líder del Movimiento Negro, como la concejal Jurema Batista o a los negros del Partido Democrático Laborista (PDT), nos encontrábamos aquí. Incluso porque tenemos la Cámara aquí cerca. Además, en Cinelândia, había un espacio en donde estaban los negros del PDT, que era conocido, incluso, como Brizolandia[4]. Era Brizola el gobernador del Estado de Rio de Janeiro. Así que ¡aquí era un punto de encuentro negro conocidísimo! Siempre venía a este lugar, ¡siempre! Tanto que yo estaba aquí cuando entré en trabajo de parto, hace 37 años.

Yo daba clases por la noche en Niterói, mi marido iba a buscarme y parábamos aquí. En la víspera del nacimiento de mi hija, yo incluso vine para intentar tomar una cerveza negra. Aunque me encanta, no pude tomármela. Y después, continué yendo al bar cuando mi hija nació. Ella tiene un síndrome genético y, como yo vivía en São Carlos, allá en Estácio, era el lugar más cercano a casa, por eso, Iná creció aquí, en el Amarelinho, dentro de una canastita que llamamos moisés. Con el pasar del tiempo, y eso es algo que discutimos mucho, el Amarelinho fue poniéndose muy caro. Y, como se puso muy caro, acabó haciéndose selecto, entonces los del Movimiento Negro pasaron a ir a un barcito que se llamaba “Só Feijão” [Solo Frijoles]. Porque los bares son más baratos, y no tenemos ninguna duda de que fue una manera que el restaurante encontró para apartarnos. Hoy, todavía encontramos a las personas aquí, pero nunca con la frecuencia de antes.

Ivana Dorali: Yo soy una feminista negra, también participo del Movimiento Negro y milito junto al feminismo negro. El feminismo negro me proporcionó vivencias, perspectivas que yo no tendría en otros espacios, en otros lugares. Hablando de esa historia muy imbricada con el Movimiento Negro (MN), me gustaría comprender cómo usted entra en ese movimiento hasta llegar aquí, en Cinelândia, que acaba siendo también escenario de su militancia en Rio de Janeiro.

Conceição Evaristo: Llegué a Rio de Janeiro en 1973 y, si no me equivoco, en el 76 se funda el IPCN (Instituto de Investigación de las Culturas Negras) y ahí había muchas actividades de las cuales yo participaba, a veces. El IPCN, por su dinámica, tenía un poder de convocatoria muy grande y congregaba, realmente, a la militancia negra. Y es en ese momento que conozco a algunas personas que son íconos del Movimiento Negro, como Lélia González, Beatriz Nascimento y Abdias do Nascimento. En aquella época, yo ya cursaba Letras y el Amarelinho también era un punto de encuentro de la gente de la carrera, había un pequeño grupo que iba mucho al bar. Entonces, fue en ese momento que conocí a la militancia del MN, hombres y mujeres.


[*]  Ivana Dorali es mujer negra periférica, feminista negra, bisexual en matrimonio lesbiano e hija de Osun. Es Periodista, Educadora y alumna-investigadora sobre Decolonialidad y Educación de la carrera de Pedagogía de la Universidade Federal do Estado do Rio de Janeiro – UNIRIO. Es miembro de la Rede de Mulheres Negras da Bahia y del Coletivo Luiza Mahin – UNIRIO. Fue ganadora del premio de periodismo Abdias do Nascimento, en 2013.


ENTREVISTA A CONCEIÇÃO EVARISTO

Ivana Dorali: Pero ¿ya había esos antecedentes allá en Minas Gerais?

Conceição Evaristo: Tuve un tío que fue expedicionario, Oswaldo Catarino Evaristo, que tenía contacto con el Movimiento Negro de Belo Horizonte en los años 50. En ese período, yo tenía cuatro años, pero crecí bajo la influencia de ese tío y conocí, también en esa época, a uno de los primeros poetas negros, Adão Ventura. Aún en Minas, antes de mudarme a Rio de Janeiro, cuando tenía 17 años, conocí el MN brasileño. Nos encontrábamos en la casa del Coronel Antônio Carlos Pimenta, que fue uno de los primeros coroneles negros del ejército. Recuerdo la imponencia de aquel hombre negro cuando estaba con aquel uniforme. Recuerdo, también, que él pasaba por las calles de Belo Horizonte y llamaba la atención. En ese mismo período, entré al movimiento operario a través de JOC (Juventud Obrera Católica), movimiento de base de la Iglesia Católica, por eso mi militancia va a estar marcada por la cuestión social y no por la cuestión racial, incluso porque la Iglesia ni siquiera discutía la cuestión racial. Esos movimientos de base de la Iglesia Católica tuvieron una efervescencia muy grande en los años 60 y 70, pero a causa de la dictadura terminaron dispersándose un poco. Yo traigo esa consciencia negra de Belo Horizonte. En Rio de Janeiro tendría más contacto con la militancia negra, en los años 70. En 1981, mi hija nace con problemas de salud y, por eso, me alejo, tenía que trabajar, cuidar de ella y de su tratamiento, hasta que Iná cumple nueve años. Mi formación ideológica se va dando a través de la influencia del discurso del Movimiento Negro, no como afiliada o inscrita, pero siempre sin perder contacto. Por los años 90, ya pertenecía al Colectivo de Escritores Negros que fue, en verdad, un intento de recuperación del grupo “Negrícia”, también de poetas. En ese momento, quienes pertenecían al colectivo eran LC Mong, Deley de Acari, Nei Lopes, Elisa Lucinda, Salgado Maranhão, Lia Vieira, que son escritores y escritoras negras, y nuestro punto de encuentro era justamente el IPCN, en Mem de Sá.

Mi formación ideológica se va dando a través de la influencia del discurso del Movimiento Negro, no como afiliada o inscrita, pero siempre sin perder contacto.

Ivana Dorali: Cinelândia está rodeada de espacios que deberían estar dedicados a compartir el conocimiento, pero que se estructuran para nuestra inaccesibilidad. Entonces, la población ocupa ese lugar a través de las movilizaciones. Me refiero no solamente a las cuestiones históricas como las movilizaciones contra la dictadura militar o por la redemocratización de Brasil, sino también a las más recientes, como los pedidos de respuesta sobre la muerte de Marielle[5], el movimiento contra la destitución de la presidenta Dilma Rousseff, el pedido de libertad para el presidente Lula, entre otros. Sobre esa inversión ideológica, ¿cómo usted ve la dicotomía de ese espacio?

Conceição Evaristo: Hablando de eso, pienso en un espacio de conocimiento formal, tenemos también en Cinelândia la Biblioteca Nacional[6]. Desde aquella época, la biblioteca es un espacio público, pero solamente los negros que ya tenemos cierto nivel de conocimiento llegamos hasta allá. Cada vez que vamos a la biblioteca, vamos por un motivo específico, porque tenemos una investigación, de lo contrario, no la frecuentamos mucho. ¿Qué veo sobre la ocupación de esos espacios? ¿O también sobre los momentos en que nosotros, los negros, estamos presentes y movilizándonos? Veo que ocupamos esos espacios, pero no los ocupamos masivamente. Existen formas alternativas de ocupación de ese espacio, aun cuando se trata, por ejemplo, de una manifestación pública o, si queremos remontarnos al pasado, pensemos en las “Directas Ya”[7] o las manifestaciones contra la destitución de Dilma. La gran masa no es la masa negra. En términos cuantitativos, se ve mucho más a una clase media blanca. No estoy diciendo que no estamos presentes, pero no somos la gran masa.

Ivana Dorali: ¿Eso está relacionado con la dificultad de circulación en la ciudad?

Conceição Evaristo: Creo que está relacionado con la circulación en la ciudad y, también, con la poca representación política que tenemos. Nosotros, los negros aún no tomamos como derecho nuestra representación política. Muchas veces, sumamos voces, pero quienes están liderando no somos nosotros. Tal vez la más reciente líder negra fuera justamente Marielle.

Pero, volviendo al espacio de Cinelândia, cuando el Amarelinho funcionaba como punto de encuentro del MN, hubo varias formas de expulsión de aquí. Entonces, estuvimos mucho tiempo en la calle Laura Alvim. No sé cómo está hoy la presencia negra en esa calle, hubo un período en que los chicos del Charme[8] ocupaban ese espacio, entonces había una juventud negra allí. Hubo un tiempo, también en los años 90, en que aquel espacio de Lapa era ocupado por los bloques afros. El lugar donde se localiza el “Instituto Tá na Rua” [Instituto Está En La Calle] era un espacio también frecuentado por negros; aquel pasó a ser nuestro punto de encuentro, después de que salimos de la región del bar Amarelinho. Había quiosquitos con las viejas bahianas y había una bahiana muy famosa, era mujer de Xangó da Mangueira[9]. No solo ella, también otras bahianas tenían un comercio informal allí, así como mi gran amiga Silvana, el quiosco de Silvana era conocidísimo. La gente negra se quedaba en aquel espacio. Después, en la década de los 90, un alcalde -no recuerdo quién era- decidió higienizar el lugar. En esa época, yo salía de la Pontificia Universidad Católica (PUC), en donde hacía mi maestría, y paraba en aquel lugar de los Arcos. ¡Era una efervescencia, era una cosa impresionante! Uno veía al pueblo negro, los quioscos, el comercio informal, desde ropas hasta sopa de arvejas, hasta que comenzó a surgir el discurso de la violencia, de la droga, etc. Entonces, el alcalde pasó a remover ese comercio de allí, comenzando por los quioscos de comida. Cierta vez, esa amiga mía, Silvana, perdió todo, hasta las ollas. Después, ella se puso a vender cerveza y gaseosas en esos carritos de supermercado, era la lucha por la supervivencia.

yo salía de la Pontificia Universidad Católica (PUC), en donde hacía mi maestría, y paraba en aquel lugar de los Arcos. ¡Era una efervescencia, era una cosa impresionante! Uno veía al pueblo negro, los quioscos, el comercio informal, desde ropas hasta sopa de arvejas, hasta que comenzó a surgir el discurso de la violencia, de la droga

Hoy, cuando uno pasa por allí encuentra aquellos bares que son carísimos y esto no significa que se acabó el comercio de la droga, por supuesto que no. Entonces, la causa de ese comercio no era porque estaban los bloques afros, que hacían ensayos. Retiraron los quioscos de la vía, pero en los bares las personas pueden quedarse de pie en la acera, las mesitas vinieron hasta la acera, cosas que en aquel momento no se permitían. Hubo otro hecho más que me marcó: un cantante vino a Lapa e hicieron un reportaje sobre el hecho de que la clase media y blanca había comenzado a acceder al espacio y, a medida que eso sucedía, nosotros pasamos para la calle de atrás, donde está el “Tô na Rua”. Los bloques afros comenzaron a hacer ensayos allí, pero, después de cierto tiempo, ninguno de ellos sobrevivió. A los espacios negros van teniendo acceso otras personas, la clase media, los intelectuales y nosotros vamos retrocediendo.

Los bloques afros comenzaron a hacer ensayos allí, pero, después de cierto tiempo, ninguno de ellos sobrevivió. A los espacios negros van teniendo acceso otras personas, la clase media, los intelectuales y nosotros vamos retrocediendo.

Ivana Dorali: Resaltando esta cuestión del comercio ilegal de drogas, me interesa preguntarle si ese discurso de guerra contra las drogas, usado para legitimar el genocidio negro, ya existía desde aquella época.

Conceição Evaristo: Se construye ese imaginario de que las poblaciones empobrecidas son las responsables por la violencia, son las responsables por las drogas. Eso es un discurso mentiroso, porque sabemos que quien gerencia la venta de drogas no es el sujeto que dice que es el mandamás, él es empleado de alguien, no es dueño de nada. Ese discurso solo lleva a penalizar cada vez más a aquellos que ya son penalizados por una serie de circunstancias. La guerra contra las drogas y la guerra contra la violencia no pueden comenzar contra la comunidad. Por ejemplo, yo di clases dentro del Morro[10] de São Carlos y decían que allá había armas que los Estados Unidos habían usado en la guerra de Irak. Nadie del Morro baja para comprar armas y sube. ¿Cómo esas armas llegan? ¿Cómo esas armas son distribuidas? ¿Cómo la droga llega al Morro? Existe una cuestión más profunda.

Se construye ese imaginario de que las poblaciones empobrecidas son las responsables por la violencia, son las responsables por las drogas. Eso es un discurso mentiroso, porque sabemos que quien gerencia la venta de drogas no es el sujeto que dice que es el mandamás, él es empleado de alguien, no es dueño de nada.

Ivana Dorali: Yo no sé cómo usted las llama, pero nosotros en Rio de Janeiro le llamamos favela a lo que en otros lugares llaman comunidad.

Conceição Evaristo: ¡Sí, eso mismo, favela es la palabra adecuada! “Comunidad” es un término muy nuevo.

Ivana Dorali: Usted nació y se crio en una de esas favelas en Minas Gerais. ¿Qué recuerdos tiene de esa época?

Conceição Evaristo: Tengo recuerdos de toda mi infancia y juventud. Cuando salí de la favela, ya tenía 25 años. Toda mi infancia y adolescencia viví en la favela, algunos de estos recuerdos están en el libro Becos da Memória, pero era otra favela. En Rio de Janeiro también ocurrieron cambios, si comparamos con la favela de los años 70, 80, por ejemplo. En la favela donde nací y me crie en Belo Horizonte, hasta mediados de los años 70, solo había marihuana, ninguna otra droga. Lo más interesante es que, como siempre lo decimos, la droga comienza en la parte urbanizada, incluso en Becos da Memória hay un episodio sobre eso. Los primeros muchachos de la favela, de la primera familia que tuvo problemas con drogas, se los llevó la policía, allá en el Morro. Esos muchachos eran amigos de lo que, en la época, llamábamos “rebeldes sin causa”. Estos rebeldes sin causa eran jóvenes, mujeres y varones, blancos de clase media que tenían el famoso scooter, una moto, y que se encontraban en un espacio que hoy se conoce como “Ipanema de Belo Horizonte”[11], el espacio de la panadería Savassi. Entonces, aquellos muchachos y muchachas escapaban del formato de una juventud centrada, las jóvenes ya vestían pantalones deportivos, al contrario de las otras que usaban faldas. Había dos muchachos, dos de los cuales no me olvido, que eran mis contemporáneos y pasaron a ir a Savassi, no sé por qué razón. Y, entonces, en el momento que la marihuana llega a la favela, por lo menos en la favela en donde viví, la policía sube al Morro y se los lleva. Sin embargo, los rebeldes sin causa continuaron reuniéndose tranquilamente en Savassi.

Ivana Dorali: ¿Cómo usted ve esa relación de la favela con la dinámica de la ciudad? Además de traernos esa memoria muy significativa, ¿cuándo usted era niña, percibía cómo era esa relación de la favela con otros territorios? ¿Había esa diferencia?

La favela era la mano de obra de la ciudad, tanto en el caso de los hombres que bajaban para trabajar en las construcciones civiles o en otras funciones, tales como barrer, cuidar de la ciudad; como en el caso de las mujeres, que bajaban para trabajar en la casa de las señoras

Conceição Evaristo: En mi época, analizándolo hoy, esa relación era conducida por el trabajo de la favela como sierva de la ciudad. La favela era la mano de obra de la ciudad, tanto en el caso de los hombres que bajaban para trabajar en las construcciones civiles o en otras funciones, tales como barrer, cuidar de la ciudad; como en el caso de las mujeres, que bajaban para trabajar en la casa de las señoras, o para lavarles la ropa, o para recoger el resto, el desperdicio que la ciudad ofrecía. Era esa la dinámica. Hoy, sinceramente, salí de Belo Horizonte, pero ahora que ha dicho eso, me hizo recordar a Salvador. Una de las cosas que noté es que a partir de determinada hora de la noche, se vuelve difícil encontrar transporte hacia la periferia en aquella ciudad.

Ivana Dorali: Sí, realmente es así.

Conceição Evaristo: De la misma forma en Río de Janeiro, y parece que es una cosa programada. Me acuerdo mucho de aquella música de Caetano Veloso que dice: La plaza de Castro Alves es el pueblo, la ciudad es el pueblo[12]. Eso cuando esa ciudad necesita el pueblo, en las actividades de ocio ella no incluye a este pueblo. Ya fui al teatro en la zona sur, cuando vivía en Rio Comprido, tuve que tomar un taxi para volver, porque no había transporte público.

Hay una anécdota que no se me olvida: había una muchacha que vivía en Nova Iguaçu y nos encontramos en el teatro en la zona sur, la sesión terminó más o menos a las 10:00 p.m. Ella estaba desesperada porque el bus no pasaba y estaba preocupada por el horario en el cual llegaría a la Central de Brasil para tomar el otro bus. Entonces, le dije: “Si a ti no te molesta, en mi casa somos solo mi hija y yo. Vivo en Santa Teresa y, si quieres, puedes ir a dormir a mi casa”. Ella me dijo que sintió un alivio muy grande y vino conmigo. A veces me quedo pensando, por ejemplo, en las actividades del Banco de Brasil (Centro Cultural Banco de Brasil) que son gratuitas y que se transformaron en una oportunidad para quienes trabajan toda la semana y tienen mucha dificultad para encontrar transporte. Ahora bien, ¿es posible que quienes trabajan toda la semana tengan disposición para bajar a asistir a un evento por la noche y encima depender de un transporte público para volver?

Ivana Dorali: La inseguridad también es un problema que le puede imposibilitar a la gente llegar a casa. Y, ¿se quedarán en la calle? En Salvador, esto es central. Solo existe transporte para algunos puntos de la ciudad, después de las 10:30 p.m. ya no hay más.

Conceição Evaristo: De ahí que me acuerde de esa canción que Caetano canta: “La plaza Castro Alves es del pueblo”, es del pueblo el día laboral, si el pueblo baja a trabajar, fuera de eso, no lo es.

Ivana Dorali: ¿Usted cree que esa realidad de Minas es semejante a la de Rio de Janeiro y a la de otras periferias de Brasil, lugares donde existen territorios periféricos? A propósito, a usted no le gusta el término “periferia”, ¿no es cierto?

Conceição Evaristo: Creo que todas las periferias se parecen. Se puede percibir eso en varios estados de Brasil e incluso fuera del país. Yo, por ejemplo, ya tuve la oportunidad de estar en la periferia de Mozambique. Dicen que Angola sufre las mismas dificultades de saneamiento básico y transporte, a pesar de que yo no conozco ese país. Ya estuve en Estados Unidos y en barrios que no sé si puedo decir que son tan distantes de esa realidad, pero se puede percibir que esos barrios también sufren por la falta de infraestructura, por ejemplo. Está, también, el discurso de la violencia que afirma que la periferia es al mismo tiempo víctima y productora de esa violencia. Ahora bien, la periferia en mi infancia era diferente, incluso por la superpoblación de las ciudades.

Ivana Dorali: Actualmente, usted tiene seis libros publicados. Ponciá Vicêncio (2003); Becos da Memória (2006) que, como usted dijo, habla de los recuerdos de su tierra natal; Poemas da Recordação e outros movimentos (2008); Insubmissas Lágrimas de Mulheres (2011); Olhos D’água (2014”, galardonado con el premio Jabuti 2015; Histórias de Leves Enganos e Parecenças (2016).

Como lectora y admiradora, quisiera preguntarle ¿cómo la Literatura surge en su vida? ¿Ella ya surge como una “escrivivencia[13]”?

Conceição Evaristo: Me quedo pensando que la Literatura surge como “escrivivencia”, porque recuerdo que en 1964 yo escribí un texto, una especie de crónica que se llamaba Samba Favela. En ella describía la favela y luego me di cuenta de que, en realidad, aquel texto era la semilla de un libro que escribí después. Esa escritura siempre dirigida hacia la realidad o siempre basada en ella me acompañó desde siempre. En 1990, cuando publico Vozes Mulheres, escribo un poema en el que he hablado sobre mi realidad desde mi bisabuela. Es un poema en el que tomo como inspiración a las mujeres en el barco negrero, una inspiración que parte de mi situación como mujer descendiente de africanos.

Esa escritura comprometida con la vida, con la vivencia, siempre existió. Pues, cuando uno está escribiendo, también va reflexionando sobre su propio acto de escritura. Esa reflexión sobre mi propio acto de escritura va a suceder mucho más tarde en mi historia, pero el compromiso con esa relación entre la escritura y la realidad siempre existió, creo…

Esa escritura comprometida con la vida, con la vivencia, siempre existió. Pues, cuando uno está escribiendo, también va reflexionando sobre su propio acto de escritura.

Ivana Dorali: Ya haciendo un puente entre su historia de vida como mujer negra y de la favela, que está siempre presente en su escritura, y el tema de nuestra Revista, ¿qué le viene a la mente cuando piensa en Democracia y Periferia?

Conceição Evaristo: La primera cosa que me viene a la mente cuando pienso en Democracia y Periferia es pensar en el derecho a hablar. Si estamos hablando de democracia, suponemos un proceso político en el que todos tienen voz, no es solo la voz del centro la que tiene sentido. La voz del entorno en diversos momentos tiene más sentido que la voz del centro, porque la voz del centro es aquella voz que ya está consagrada, la voz autoritaria, la voz que conquistó su espacio e invade el espacio del otro, sin dejar al otro hablar. A veces, no me gusta mucho el término “periferia”, porque da la impresión de que la periferia es un lugar aislado que no produce sus estrategias. Además, hoy más que nunca el centro está contaminado con la periferia y es por eso que quiere callarla. El discurso del centro, hoy, se encuentra desestabilizado por la periferia. No tenemos un centro inmune a lo que está sucediendo en la periferia o a lo que se dice o se hace en ese territorio. Hoy, los límites se chocan.

estamos hablando de democracia, suponemos un proceso político en el que todos tienen voz, no es solo la voz del centro la que tiene sentido. La voz del entorno en diversos momentos tiene más sentido que la voz del centro […] hoy más que nunca el centro está contaminado con la periferia y es por eso que quiere callarla. El discurso del centro, hoy, se encuentra desestabilizado por la periferia.

Ivana Dorali: Para complementar su respuesta anterior, ¿cuál es el papel de la periferia y dónde es que ella se inserta en el proceso de construcción de la democracia? Especialmente en esta coyuntura de golpe y posgolpe[14] que estamos viviendo, ¿cómo usted ve ese proceso? ¿Es eso, el poder hablar? ¿Escuchar lo que ella tiene que decir?

Conceição Evaristo: Escuchar lo que ella tiene que decir y hacer lo que ella pide, a propósito, a mí no me gusta eso de “lo que ella pide”, sino hacer “lo que ella impone”. Porque en determinadas circunstancias la periferia no lo está pidiendo. Creo que ya salimos de ese proceso, por eso, cuando las personas hablan de lloriqueo y no, ¡no es lloriqueo! Estamos presentando cuestiones serias, la periferia ya no está en el lugar de las denuncias, eso ya no cabe más. Ahora, cabe el lugar de resolver esas denuncias. ¿Denunciar? ¡Nosotros denunciamos hace tiempo! El centro ya sabe lo que queremos, puede hacerse el tonto, pero ya lo sabe. Hoy, nuestra palabra ya no está en el lugar de la denuncia, ella está en el espacio de la acción, ¿entiende? La nuestra es una palabra que hace que las cosas sucedan.

Márcia Farias

Hoy, nuestra palabra ya no está en el lugar de la denuncia, ella está en el espacio de la acción, ¿entiende? La nuestra es una palabra que hace que las cosas sucedan.

Ivana Dorali: Estas obras en las que usted trae la perspectiva de la escrivivencia   siempre abordan las cuestiones de clase, de género y de raza, siempre tocan y provocan reflexiones a quienes las leen. ¿Usted piensa que la literatura tiene un papel en esa construcción de un Estado democrático de derecho? ¿Cuando usted escribe esa experiencia, está pensando en esa contribución?

Conceição Evaristo: Sí, estoy pensando en eso y creo en ese espacio de contribución y, tal vez por ello, también, es que para determinados críticos literarios, determinados profesores, es preciso neutralizar el poder de esa literatura. Es más cómodo leer una literatura que no causa incomodidad, y es más cómodo leer lo que ya está ahí consagrado, esa literatura que nace de los espacios sociales diferenciados, de los espacios de exclusión. Es a partir de este punto que podemos pensar en la literatura de las mujeres, en la literatura de los negros, en la literatura de homosexuales, en la literatura indígena, todos esos sujetos de espacios subalternizados. Por un motivo u otro, cuando esos sujetos se apoderan del objeto literario o cuando se apoderan del discurso literario causan incomodidad. Entonces van a decir que no existe literatura de mujeres, no existe literatura gay, no existe literatura negra, porque todo es una misma literatura. ¡Mentira! Si estos sujetos ponen su subjetividad en la creación de los textos, van a crear discursos diferentes. Por ejemplo, por mucho que yo esté involucrada con una cuestión indígena, cuando la mujer indígena escribe un texto, va a escribir un texto diferente al mío. Y eso ocurre a causa de su subjetividad, de su proceso histórico en tanto mujer indígena, tan subalternizada como yo, pero que va a suceder de otra forma. Yo no escribo un texto de una mujer indígena, escribo un texto de una mujer negra. Y una mujer blanca no escribe mi texto. ¿Por qué? Justamente a causa de esas subjetividades y determinadas subjetividades no le interesan a esa cultura hegemónica vigente. Yo creo en ese papel de la literatura y en el hecho de que trabaja con las emociones en determinados momentos, y ello hace que el discurso literario se vuelva más eficaz. Por ejemplo, si usted lee un texto histórico sobre la Guerra de la Triple Alianza y una novela sobre esta misma guerra, la novela la va a tocar mucho más, porque la novela le habla a las emociones. El texto histórico puede incluso hablarle, y usted va a decir: ‘‘¡Vaya! Entonces, fueron enviados africanos esclavizados a la Guerra de la Triple Alianza, porque era una manera de tener un proceso eugenésico en la nación’’. Pero si usted lee esa información en la forma de novela, ella le va a tocar mucho más. Yo creo que la literatura impacta la conciencia de las personas. Cuando digo que mi escrivivencia no es para hacer dormir a la casa grande[15] y sí para molestarla en su sueño virginal, no estoy haciendo una literatura para que la encuentren bonita y me aplaudan, estoy haciendo una literatura para mis pares, para que ellos se exorcicen y se reconozcan en mi texto. Ya para aquellos que no son mis pares, es para que piensen también lo que está pasando a su alrededor, sobre lo que estamos hablando.

mi escrivivencia no es para hacer dormir a la casa grande y sí para molestarla en su sueño virginal, no estoy haciendo una literatura para que la encuentren bonita y me aplaudan, estoy haciendo una literatura para mis pares, para que ellos se exorcicen y se reconozcan en mi texto.

Ivana Dorali: Usted fue tema de la Ocupación Itaú Cultural, recibió el premio Jabuti 2015 por Olhos D’água y se transformó en lectura obligatoria en el examen de ingreso de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG). En una entrevista, dijo: “Fue necesario el premio Jabuti para comprobar que esta mujer negra no está aquí en el espacio literario por intromisión”, y usted fue galardonada, también, con el premio “Faz a Diferença” [Hace la Diferencia], categoría prosa, 2017; el premio Claudia, categoría cultura, 2017; el Gobierno de Minas Gerais le otorgó un premio de literatura; además de haber sido premiada como destaque en 2017, por la revista Bravo. ¿Usted piensa que esas premiaciones contribuyen a la potencia humana creativa y que estas producen algún tipo de influencia?

Conceição Evaristo: Mis libros ya estuvieron como literatura obligatoria en la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC), en la estatal de Minas Gerais, en la UFMG, en toda la red de Centros Federales de Educación Tecnológica (CEFET) y está en la estatal de Montes Carlos. Sobre la pregunta, tal vez no. En primer lugar, pienso que esos premios sirven para reconocer la capacidad de las mujeres negras y yo no hablo solo de la mía, hablo de las mujeres negras en otros lugares de reconocimiento. Quedé muy feliz porque reconocieron nuestra capacidad de producir conocimiento y de producir Literatura. Las mujeres negras cantan, bailan, cocinan bien, dan clases bien, escriben bien, dirigen empresas bien, tienen buenas capacidades políticas, como cualquier otra mujer. Pero es como dijo Jurema Batista: “Es mucho más fácil ubicarnos en el lugar de la ciudadanía lúdica”. Ellos creen que nosotras solo cantamos y bailamos, aparte de eso, no tenemos capacidades. Nosotras tenemos esas y todas las otras capacidades.

A veces, las personas me miran, porque yo tengo este cuerpo y piensan que yo canto. Yo no canto, soy desafinada, mi voz es de tarro. Entonces, digo: “Yo no canto ni bailo, pero escribo’’. Recientemente, en el pasillo de ese apartamento que tengo como base en la calle Riachuelo, una vecina del edificio me preguntó: “Yo la vi en la televisión. Usted escribe, ¿no es cierto?” Yo le respondí que sí. Ella continuó: “¿Qué? ¿Libros de recetas?” A lo que le respondí: “¡No! Yo escribo cuentos, novelas, poemas, textos críticos”. Después, ella me contó que hizo un curso de archivista en la UNIRIO. Ella es una persona que no tuvo la oportunidad de pensar y construir otra representatividad acerca de las mujeres negras, pero se imaginó que una mujer negra solo escribe libros de recetas. Yo ni siquiera cocino bien, lo que me hace sentir muy frustrada. Tengo una hermana que cocina muy bien. Mi tía y mi madre también son muy buenas cocineras. Yo solo sé hacer lo básico.

Entonces, cuando esos premios le reconocen a una mujer negra esa capacidad, podemos hasta aprovechar el momento para hacer un discurso que pueda contribuir a romper con ese imaginario de que las mujeres negras no tienen capacidad para el discurso literario, no tienen capacidad para el discurso del conocimiento académico. Entonces, en ese sentido, esos premios tienen significado. Pero tampoco quiero ser vista como excepción, a través de esos premios deseo aprovechar la posibilidad de romper con ese imaginario que nos afecta colectivamente. Si ellos me reconocen como escritora, a lo mejor eso despierte la curiosidad por descubrir otras mujeres negras que están produciendo en varios campos del conocimiento. Y cada vez que yo tengo la oportunidad de decir eso, lo digo. Y digo, también, que esos premios fueron muy importantes, pero no es en ese momento que se legitima mi trabajo. El primer lugar de recepción, de legitimación de mi texto, de mi trabajo, fue el movimiento social negro. Fueron mis pares los que oyeron y leyeron mis primeros trabajos, y fueron ellos, también, los que fueron llevándolos a las investigaciones académicas, a los salones de clases. Entonces, hoy, mi trabajo se dispara, pero él nació en la base.

esos premios tienen significado. Pero tampoco quiero ser vista como excepción, a través de esos premios deseo aprovechar la posibilidad de romper con ese imaginario que nos afecta colectivamente

Ivana Dorali: ¿Qué otro tipo de premio, qué otro tipo de reconocimiento usted considera más importante y fundamental?

Conceição Evaristo: Se trata de algo más allá de esos premios, es ese momento en los años 90 cuando mi primera publicación sale en el colectivo de Escritores Negros de São Paulo, que es la recopilación Cadernos Negros. Por tanto, Cadernos Negros fue mi primer espacio de publicación. Mis primeros lectores fueron los lectores y las lectoras del movimiento social negro. Si existe un espacio que primeramente acogió y legitimó mi escritura fue el movimiento social negro.

Ivana Dorali: Recientemente, usted fue una de las contempladas por el premio “Mestre das Periferias” [Maestro de las Periferias], promovido por el Instituto Maria e João Aleixo. ¿Cómo ve la creación de ese premio, específicamente?

Si existe un espacio que primeramente acogió y legitimó mi escritura fue el movimiento social negro.

Conceição Evaristo: Fue lo mismo cuando mi exposición, la de la Ocupación Itaú, fue a Maré[16]. Salí de la Avenida Paulista, que es considerada el corazón financiero de América del Sur, y fui a Maré, lo que para mí es muy significativo, porque fui al espacio que me creó. Soy Maré, soy aquella persona que viene de una experiencia periférica, vengo de las clases populares. En realidad, no regresé, porque nunca he salido. Si salgo de esta entrevista aquí y voy allí, en Cinelândia, soy vulnerable como cualquier mujer negra. A propósito, eso también me lo preguntaron en la Ocupación Itaú. Estaba en la Ocupación y la periodista me preguntó cómo me sentía allí. Le respondí: “Querida, yo salí de aquí ayer y fui a una tienda por departamentos, el vigilante me siguió todo el tiempo. Entonces, nada me quita el lugar del imaginario brasileño sobre las mujeres negras, porque sé que como mujer negra mi historia colectiva es esa, es una historia que comienza aquí en Brasil, en un proceso de subalternización. Es un imaginario que ellos no superaron hasta el día de hoy.

ser contemplada con el premio “Mestre das Periferias” es ser contemplada por lo que soy y que me enorgullece.

Entonces, ser contemplada con el premio “Mestre das Periferias” es ser contemplada por lo que soy y que me enorgullece. Siempre repito que las excepciones sirven para confirmar la regla y las excepciones son peligrosas. Le agradezco a la vida por solamente ahora, a los 70 años, estar en esa situación, porque no me hago ilusiones, sé que mi imagen es una imagen que llama la atención de los medios, una mujer negra, que no es joven, que no encaja en ningún modelo global y que está allí como escritora. Esto llama la atención, eso es tema de noticia, eso da noticia. Al tener esta edad, la experiencia me permite manejar todo esto y no crearme ilusiones. No estoy diciendo que no estoy feliz. Estoy muy feliz, eso alimenta mucho mi ego. Varias mujeres que están ahí escribiendo, mis contemporáneas, no alcanzaron la visibilidad que estoy alcanzando. Le agradezco mucho a la vida, lo resalto, pero digo que no quiero ser tratada como una excepción, porque eso refuerza el discurso de la meritocracia. Si uno estudia, si trabaja, lo logra. ¡No es así! Porque conozco a mucha gente que intentó estudiar, intentó trabajar y que murió por el camino, se enfermó por el camino. ¿Y por qué nuestros caminos tienen que ser tan dolorosos? Debería ser un proceso natural. Las excepciones sirven para pensar la regla. ¿Qué reglas son estas, en la sociedad brasileña, según las cuales una mujer negra solo va a poder publicar a los 44 años y tienen que pasar 30 años más para que alcance visibilidad? ¿Será que si yo fuera una autora blanca y hubiera nacido en otras circunstancias solo ahora estaría alcanzando esto?

cuando se crea una figura excepcional, se aparta a esa persona del colectivo, se le da destaque a esta persona y se olvida toda la colectividad. Y yo no quiero que me aparten del colectivo. Este premio de Maré significa que el colectivo me considera, me reconoce y me pone los pies en la tierra.

Entonces, tenemos que tener mucho cuidado al interpretar las excepcionalidades, para no quedarnos aplaudiendo y dejar de preguntarnos qué existió detrás de eso. Sé que cuando se alaba demasiado la excepcionalidad o cuando se crea una figura excepcional, se aparta a esa persona del colectivo, se le da destaque a esta persona y se olvida toda la colectividad. Y yo no quiero que me aparten del colectivo. Este premio de Maré significa que el colectivo me considera, me reconoce y me pone los pies en la tierra. Si bien que creo que ya no voy a sacarlos de la tierra, de forma alguna. Me preocupa mucho eso, creo que no voy a perder la cabeza con lo que me está pasando ahora, porque sé que es muy bueno. Pero hay algo que solo ha dejado que esto suceda ahora y existe también algo que todavía no va a permitir que le ocurra a mucha gente, pese a todas nuestras capacidades.

Ivana Dorali: Usted está hablando de colectividad, me gustaría mencionar el nombre de otros compañeros también premiados con el “Mestre das Periferias”: Nêgo Bispo, Ailton Krenak y Marielle Franco (in memóriam). ¿Cómo ve la elección de ese grupo para dicha premiación?

Conceição Evaristo: Creo que el hecho de que esos premios partan de espacios o de personas que ideológicamente están alineadas a cuestiones populares nos distingue y nos da un voto de confianza. Ahora seré tema de la escuela de samba “Quilombo da Abolição”, una escuela que va a desfilar el domingo de carnaval en la calle Intendente Magalhães. Tener el reconocimiento de esos lugares, además de llamarnos a la lucha constante, es un voto de confianza. No es un premio por el premio. Es un premio por nuestro reconocimiento, por el no distanciamiento de esos espacios. No quiero perder nunca ese espacio mío, mi historia de origen, no lo quiero perder de vista. Este reconocimiento indica que estamos en el camino correcto.

Ivana Dorali: Considerando que los procesos son todavía poco democráticos, la sociedad civil ha creado, recién y espontáneamente, un movimiento que se llama “Conceição Evaristo en la Academia Brasileña de Letras”. Teniendo en cuenta su importancia en la Literatura Brasileña, no solo en Brasil, sino en el mundo, cuéntenos acerca de esa campaña para que ocupe la silla número 7 de la Academia Brasileña de Letras. Aprovecho para resaltar que la sociedad civil ha levantado esa cuestión de la representatividad porque, al final, somos un conjunto de individuos representativos de forma diversa y plural, y estamos capacitados para ocupar esos espacios. ¿Cómo usted ve este tipo de movilización? ¿Considera que esto contribuye de alguna forma a la democratización del país?

Conceição Evaristo: Creo que puede contribuir a que, tal vez, eso lleve a la Academia a pensar un poco. Después de todo, llevó a todas las personas que se interesaron en pensar la Academia a dedicarse a leer su historia. Fue un momento de reconocer o pensar la Academia, pensar la Literatura Brasileña a través de un discurso que valora la representatividad múltiple. Para mí, este proceso ha dado la oportunidad de educarnos y, también, la oportunidad de educar a la Academia. La propia Academia debe pensar en la existencia o inexistencia de esa representatividad. No sé, eso es una elección de ellos.

Otro punto al cual me quiero referir también es que el instituto de la Academia dice que todo brasileño tiene derecho a postularse, siempre y cuando haya escrito un libro. Soy una mujer brasileña, tengo seis libros publicados, además de trabajos en varias antologías por las que ya tengo un espacio asignado en la Literatura Brasileña, tengo obras traducidas fuera del país, tengo reconocimiento fuera de este. Por eso, estoy apta para postularme y me postulé. Ahora, le toca a la Academia. No sé cuáles son las reglas del juego, pero como ciudadana brasileña cumplo los requisitos para una postulación.

Entrevista realizada en Julio/2018

Original en Portugués


 

[1] Fundado en 1921, el bar donde tiene lugar la entrevista, situado en la plaza Floriano, en la región central de Rio de Janeiro, se convirtió en un lugar importante en el escenario cultural carioca, por recibir a los artistas y a la gente que acudía a los teatros y cines del barrio. Aunque recibió otros nombres a lo largo de su historia, el bar quedó conocido como “Amarelinho” (diminutivo de amarillo y cuya lectura sonaría como “amareliño”), en virtud del color predominante de las paredes del edificio que lo alberga.
[2] El barrio de Lapa, importante zona bohemia de la ciudad de Rio de Janeiro. Se hizo conocido también por el conjunto arquitectónico del acueducto identificado como “Arcos da Lapa”.
[3] Artista, poeta, cineasta, actor, pintor, teatrólogo y destacado militante del movimiento negro brasileño, quien fue uno de los idealizadores del primer Congreso Afrobrasileño, en 1934, en la ciudad de Recife, Pernambuco.
[4] Referencia a Leonel de Moura Brizola (1922-2004), importante político brasileño del PDT, conocido por ser defensor de los derechos sociales y laborales.
[5] Marielle Francisco da Silva, o Marielle Franco, socióloga y concejal por el Partido Socialismo y Libertad (PSOL) en Rio de Janeiro, se hizo conocida por su activismo y lucha por los derechos humanos y de las mujeres negras. Fue asesinada en 2018 y el crimen todavía sigue impune.
[6] La Biblioteca Nacional, situada en Rio de Janeiro, es el más importante centro documental de Brasil, y reúne el mayor acervo de obras en América Latina.
[7] Movimiento civil sin precedentes en Brasil, iniciado en 1983, que reivindicaba el fin del régimen militar (que duraba ya 20 años) y el derecho a elegir al presidente por voto directo.
[8] Baile surgido a finales de los 70, originalmente en el club Mackenzie, en la región de Madureira, Rio de Janeiro, y que estaba a cargo de un grupo de vendedores ambulantes a quienes les gustaba hacer de DJs por la noche. El nombre hace referencia a un momento del baile en el que el DJ le pedía al público que mostrara sus encantos, es decir, que hiciera “charme”.
[9] Nombre artístico de Olivério Ferreira, importante sambista y cantante carioca.
[10] Con el término “morro”, cerro en español, se hace referencia al espacio donde se constituyeron gran parte de las favelas, especialmente en Rio de Janeiro.
[11] Se realiza una comparación entre el barrio de la capital mineira, Savassi, y el barrio carioca de Ipanema, ambos conocidos por estar entre los más lujosos de sus ciudades.
[12] Se refiere a la canción Um frevo novo, de la década de 1970.
[13] Término creado por la autora entrevistada para referirse a una escritura entrecruzada por la vida: que nace de las experiencias, del cotidiano, de los recuerdos personales y colectivos.
[14] Se refiere a la destitución de la presidenta Dilma Rousseff y al periodo posterior.
[15] Se refiere a la casa del dueño de la hacienda en el periodo de la esclavitud. Sobre este tema, se puede consultar el famoso libro de Gilberto Freyre Casa-grande y senzala.
[16] Conjunto de Favelas de la Maré (mareas, en español), zona norte de la ciudad de Rio de Janeiro.

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