v.1  n.1  2018
El Paradigma de la Potencia
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El Paradigma de la Potencia
Reseña

MODO DE LECTURA

Los sujetos de las pieles... ¿De las nuestras o de las tuyas?

Patricia Santos[1] y Luis Aser[2].

Traducción
Mariana Costa

Reseña del Libro: Na minha pele, de Lázaro Ramos. Rio de Janeiro: Editora Objetiva, 2017, p. 147

 

El libro Na minha pele, de Lázaro Ramos, no trata apenas de un contenido en sí, pero de un autor que se reviste en el libro. Un autor-actor-productor y ¡negro! Porque aunque esa última condición de piel no fuera citada (mucha gente diría que no es necesario; refuerza los estereotipos y prejuicios), no podríamos seguir a pensar esa escrita sin comprender el lugar de producción y su condición de hablar.

Lázaro es uno de esos actores negros consagrados de cierta generación, que de forma sencilla, brillante - en el momento adecuado supo hacer de su inteligencia y talento el ápice para también pensar en su condición de hombre en el país. Constituyó una linda familia al lado de Thaís Araújo, siendo identificados como la pareja negra de la actualidad. Es la vez del empoderamiento afro entrar en la batería. Pero, no nos rendimos a los chismes, queremos volver a aquello que fue propuesto para esa escrita.

Na minha pele no es un libro con capítulos, pero con cuentos que desencadenan historias, memorias, vivencias entrelazadas - de forma que la curiosidad y los cuestionamientos van también dialogando con lo que el autor presenta en su programa de televisión (nos referimos al Espelho del Canal Brasil).

El libro con cuentos/ensayos comienza un viaje motivado por angustias y dudas de un mundo que empieza a presentarse duramente desigual, tanto en su vida personal como en su vida artística, el autor empieza a repensar su papel en los palcos y en su cotidiano como hombre brasileño y negro. El texto permite que el autor hable a partir del lugar de un verdadero hombre-brasileño-trabajador y que vive en el día-a-día de las grandes capitales. Recuerda su infancia en su lugar-raíz: una pequeña isla nombrada “Ilha de Todos os Santos” un tanto lejos de Salvador, en Bahia.

En ese lugar de origen, Lázaro como su infancia fue lejos de las grandes violencias de las ciudades urbanas  y que temas como racismo, género y ancestralidad todavía eran temas que nadie discutía en las misas y en lugares en los que se encontraban los habitantes. Luego enseguida, ya en la adolescencia, empieza a dar saltos mayores, motivado por el empleo de sus padres que trabajaban ora en la isla ora en Salvador. Y es en las idas a la metrópolis, que el joven Lázaro siente de hecho la oportunidad de salir de su lugar de origen y aventurarse en busca de trabajo y sueños en la capital Salvador.

Entre frustraciones y conquistas, entra para un grupo de teatro llamado “o Bando Teatral de Olodum”. Aquel niño que creciera en una isla, cercado por tótems y legados cerrados para el mundo empieza a desfallecer. El aislamiento de los padres y de la Isla  comienza a darle un nuevo ropaje al adolescente lleno de energía que desea explorar límites que van mucho más allá de los trabajos manuales, dinero y una vida calmada en una isla en el Nordeste de Brasil.

De sonrisa fácil y comunicador, él comienza a trabajar en servicios de poco valor artístico, que le rinde sólo las deudas parar librarse de las responsabilidades financieras (alquiler, alimentación, vestimenta). Sin embargo, se destaca del resto del grupo, siguiendo pasos de personas y artistas que él admiraba: hombres y mujeres que en aquella época hacían presentaciones teatrales de temas variados y siempre dando oportunidad para quien estaba empezando en el grupo teatral O Bando de Olodum.

Pero las grandes angustias y dudas empezaron a surgir a finales de los años 90. Las letras musicales de los grupos Afros de Salvador que hablaban de Racismo, discriminación racial y religiosa comenzaran a hacer diferencia. En la isla, las mismas músicas y letras no causaban tanto impacto por la falta de diálogo sobre lo que se estaba cantando. Pero en la capital, era diferente. Los colores y las batidas de los tambores junto a las letras hizo con que reviese, delante de su cuerpo, mente y ancestralidad.

Más tarde, con el nacimiento de los hijos, el escritor se ve otra vez frente a preguntas y dudas que van a hacer parte del crecimiento de los niños como ciudadanos de un país racista. Sumerge en el universo afro para sostener una nueva educación para sus hijos. En esa nueva etapa, como Padre, es que el tono del libro empieza a cambiar. En casa, libros infantiles con la temática Afros y muñecas negras se transforman en ítems comunes en la vida en familia. Lázaro apunta como los chistes y poesías empiezan a salir de la escena para dar lugar a una escrita más seria, con cuestionamientos y afirmaciones que van para más allá de su condición de actor, padre de familia y hombre negro.

En la carrera artística, los guiones y frases para películas y programas audiovisuales comienzan a ser cuestionados por Lázaro Ramos, a fin de acabar con el estereotipo negativo de papeles interpretados por actores negros desde hace décadas. Y logra éxito. En una película en la que debería portar un arma de fuego, él convence al director a cambiar la escena, teniendo como base los estereotipos que los Negros cargan en día-a-día (bandido, traficante, vagabundo, entre otros adjetivos peyorativos).

Aún en narrativa estética, el autor hace citas sobre su programa de Tv y sus invitados cuyas hablas se relacionaban al Racismo. Resalta todavía el habla de Milton Santos[3] que destacamos entre otras: “El brasileño no tiene vergüenza de ser racista, sino de decir que lo es” (traducción nuestra).

En la parte final del libro, Lázaro en un tono aún más enfático que el del comienzo del libro, cuestiona el Cuerpo/Espacio/Pertenencia suyos y del pueblo Negro. De cómo dominar su cuerpo negro en espacios que hasta entonces no eran ocupados por cuerpos negros, y porque no se sienten representados en esos espacios. Cita el comportamiento de algunos blancos en el espacio artístico y las hablas racistas naturalizadas a lo largo del tiempo. Sigue provocando un debate sincero y abierto sobre reflexiones para nuevos caminos en relación al acceso y autoestima del pueblo negro.

Admite y asume su comportamiento blanqueado en los momentos en que le fueron impuestas la maldad y crueldad del racismo, reaccionando con risas y chistes y de cómo esta actitud es maléfica y cobarde para nuevo renacer del empoderamiento del pueblo negro. Finaliza el libro afirmando que “(…) la auto percepción de la etnia blanca no existe”(traducción nuestra), por lo tanto la cuestión de la auto estima del blanco no es afectada ni cuestionada, porque son vistos siempre desde un lugar privilegiado en la sociedad.

Así, el libro instiga la lectura de forma a reconocer temas como género, racismo, sexualidad, familia - arraigados a partir de las experiencias de un nombre negro, y no uno cualquiera: ¡salve a Lázaro Ramos! Queda un toque de biografía con cuestiones raciales reforzadas tanto por su trayectoria, como posibles de reelaborarse en las experiencias cotidianas del pueblo negro.

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