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periferias 5 | salud pública, ambiental y democrática

Después de todo, ¿somos tan pobres como dicen?

El ciclón IDAI y la autodeterminación del pueblo mozambiqueño

Amade Casimiro Nacir

| Mozambique |

traducido por Ana Rivas

Marcado en la memoria de los mozambiqueños, 2019 es el año que nos recuerda la lamentable catástrofe del ciclón IDAI.

Pero, dice el dicho milenario: "todo mal viene con el bien". Aún más perspicaz, otro dicho árabe considera que "con la adversidad viene la facilidad". El ciclón IDAI trajo destrucción, cierto. Destrucción humana y material. Perdimos a varios compatriotas, que contribuyeron a la diversidad y al desarrollo de nuestro rico país. También perdimos mucha infraestructura. Perdimos carreteras, escuelas, centros de salud, centros comerciales y otros servicios. Además de la pérdida de todo esto se añade otra pérdida que, sin embargo, paradójicamente es una ganancia; una ganancia que, en verdad, nunca se perdió. 

Ganamos riqueza. ¿Cuál? Ante los rastros de destrucción y sufrimiento causados por el IDAI, ¿cómo podemos pensar en los beneficios que se derivan de él? Sí, ganamos una riqueza que nunca perdimos. Ganamos la deconstrucción de que somos pobres. Cuando surgió la idea de que somos pobres, no se sabe. Pero esa idea ha estado creciendo durante décadas. Se intensificó hasta que apareció el IDAI. El ciclón IDAI no sólo ha destruido vidas e infraestructura, sino que también ha destruido la percepción errónea de que Mozambique es un país pobre. 

Cuando ocurrió el IDAI no vi pobreza. De hecho, la idea de pobreza no pasó por mi mente. ¿Cómo podría? Si ví compatriotas, de Rovuma a Maputo, de Zumbo a Indico, tomando lo poco que tienen y enviándolo a Sofala, Manica. Vi movilizaciones en las redes sociales, vi movilizaciones en la carretera, vi movilizaciones de mozambiqueños en el extranjero más distante de Mozambique y de mozambiqueños en el interior más profundo de Mozambique. Todas estas movilizaciones conjugaron una idea: ayudar a los hermanos que necesitaban ayuda. Salieron voluntarios, cajas llenas de comida, cajas llenas de ropa, innumerables bienes materiales de varias regiones del país y del mundo, hacia las provincias devastadas por el IDAI. ¿Cómo pueden los pobres ser capaces de actos tan nobles? No, no somos pobres y el IDAI nos ayudó a verlo. 

Seguramente algunos podrían decir que la ausencia de bienes materiales constituye pobreza. Hay legitimidad en ese argumento. Pero esa legitimidad se pierde en la simplicidad del mismo argumento. ¿Cómo se puede reducir la riqueza, un concepto tan rico (que paradójicamente, no hay otra palabra para adjetivar la riqueza, sino rico) a sólo bienes materiales? Es ciertamente una pobreza de la condición humana, reducir la riqueza al acceso de los bienes materiales. La riqueza es más que eso. 

Por otro lado, la ausencia de compasión, empatía y solidaridad es la pobreza más terrible y temible. Porque sin estas cualidades, aunque existan bienes materiales, uno sigue siendo pobre. ¿Cómo alguien que tiene muchos bienes materiales pero que está desprovisto de humanismo, filantropía y sentido patriótico, puede ser una buena influencia en la sociedad? ¿Cómo puede este Humano ayudar en el desarrollo de la humanidad? Si los bienes que tiene sólo sirven a su ego y nada más... Por el contrario,  ¿aquellos que la vida no les ha proporcionado numerosas posesiones materiales pero les ha dado los más altos valores morales, aquellos que están dispuestos a ayudar a los demás independientemente de su propia situación, siguen siendo pobres? Si hay una respuesta afirmativa a esta pregunta, es el estado en que se encuentra el mundo que está pobre. La condición humana se deteriora. 

Se nos dijo antes del IDAI, durante el  IDAI y otros incluso después del IDAI; se nos dijo a través de los medios de comunicación que uno de los países más pobres estaba siendo azotado por una calamidad. Pero no se nos dijo antes, durante o después del IDAI; no se nos dijo que hay un sentimiento de compartir, no se nos dijo que hay un sentimiento de compasión en ese país y, sobre todo, que ese país no es un país pobre. No nos dijeron que los pobres de ese país habían ayudado a otros pobres de ese mismo país. No nos dijeron que ese país, ese extenso y vivo Mozambique no puede ser clasificado como pobre porque su gente, el bien más precioso que un país puede tener, su gente es rica y un ejemplo de superación para todo el mundo. 

Nos lo dijeron y nos lo siguen diciendo. Nos dijeron que no tenemos lo que tienen los demás. Nos dicen que no tener lo que otros tienen nos hace pobres. Ese es el problema: nos dicen, nos dicen. Y nosotros, ¿qué decimos? Comparan nuestras riquezas con las de otros. Se establece una matriz de opinión sobre la riqueza material. Pero la riqueza material es a veces extraña para nosotros. ¿Por qué no hablamos de todos los tipos de riquezas? Al menos, además de la riqueza material, hablemos de la riqueza espiritual, mencionemos la riqueza emocional, discutamos la riqueza cultural, compartamos la riqueza social. Enseñemos las riquezas del IDAI.

¿Cómo puede un pueblo que ha sido golpeado por un ciclón tan poderoso como el Ciclón IDAI seguir sonriendo? ¿Cómo pueden los mozambiqueños que han perdido casi todo, materialmente hablando, continuar con los sueños vivos? Sí, materialmente hablando, porque no hemos perdido la esperanza de un futuro mejor, no hemos perdido la fé en la ayuda divina, no hemos perdido la fé en la ayuda humana de nuestros hermanos. Pues vimos reportajes de niños que jugaban al día siguiente del paso del Ciclón IDAI, y al ser entrevistados hablaron de sus objetivos futuros .

El ciclón IDAI nos ayudó a decir algunas cosas. Cosas que eran visibles incluso antes de que pasara el ciclón IDAI. Cosas que, sin embargo, no son mencionadas. Dijimos que hay varias riquezas y que tenemos muchas de ellas. Dijimos que tenemos riqueza espiritual, tenemos riqueza social, tenemos riqueza emocional. Pero tenemos muchas otras riquezas que se mencionan a menudo. Pues bien, hay que tener todas esas riquezas para salir de una catástrofe como el ciclón IDAI. 

Es comúnmente aceptado que somos lo que pensamos. Y si somos lo que pensamos, ¿por qué no pensamos en las riquezas que tenemos a nuestra disposición? ¿Por qué no pensamos en la nobleza que el IDAI nos ha mostrado como parte de nuestra vida diaria? ¿Por qué olvidamos lo que el IDAI nos enseñó? Si somos lo que pensamos, entonces pensemos en las riquezas que tenemos y tal vez entonces no seremos tan pobres como se dice que somos. Sí, además de ser, es interesante parecer. 

¡Mozambique, Mozambique y los mozambiqueños, mis hermanos, son extremadamente ricos! 

Ah, hermanos, no somos tan pobres como dicen que somos. Somos tan ricos como no dicen que somos.


 

Amade Casimiro Nacir | Mozambique |

amadecasimironacir@hotmail.com

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