edición litafrika

periferias 8 | litafrika: Encuentros Artísticos

ilustración: Mateus Rodrigues

Resplendor de mañana

Ishmael Beah

| Serra Leoa |

junio de 2023

traducido por Janaina Andriolli Pontes (Laboratorio de Traducción de la Unila)

fragmento traducido de Radiance of Tomorrow, A novel
(Farrar Straus & Giroux, 2014)

*

Es el final, o quizás el principio, de otra historia.
Toda historia comienza y termina con una mujer, una madre,
una abuela, una niña, un niño.
Toda historia es un nacimiento…

Ella fue la primera en llegar  donde parecía que el viento ya no exhalaba. A varios kilómetros del pueblo, las manos de los árboles se entrelazaban. Sus ramas crecían hacia el suelo, enterrando las hojas en la tierra para cegarles los ojos y que el sol no les prometiera un mañana con sus rayos. Solo el camino se mostraba reacio a cubrir completamente su superficie con hierbas, como si anticipara que pronto saciaría el hambre que sentía del calor de los pies que le daba vida.

De los caminos largos y tortuosos se dice que son "serpientes" por las que uno caminaba para encontrar vida o llegar a los lugares donde la vida vivía. Como serpientes, los caminos estaban ahora listos para cambiar sus pieles viejas por nuevas, y tales acontecimientos toman tiempo con las interrupciones necesarias. Hoy, sus pies iniciaron una de esas interrupciones. Tal vez aquellos cuyos años tienen muchas estaciones sean siempre los primeros en reavivar su amistad rota con la tierra, o tal vez simplemente sucedió así.

La brisa empujó su cuerpo huesudo, cubierto con una andrajosa tela, delgada y descolorida por muchos lavados, en dirección a lo que había sido su pueblo. Se había quitado las chancletas, las colocó sobre su cabeza y cuidadosamente posó sus pies descalzos en el camino, despertando a la tierra endurecida con sus pasos gentiles. Con los ojos cerrados, conjuró el dulce olor de las flores, que se convertirían en granos de café, que el aliento esporádico del viento dispersaba en el aire. Era una frescura que solía sobreponerse a la selva y abrirse camino hasta las narices de los visitantes a muchos kilómetros de distancia. Para el viajero tal aroma era una promesa de vida por delante, de un lugar para descansar y saciar su sed, y quizás pedir indicaciones si estuviese perdido. Pero hoy, el aroma la hizo llorar, comenzando lentamente al principio, con sollozos que luego se convirtieron en un llanto del pasado. Un llanto, casi una canción, para lamentar lo que se ha perdido mientras su recuerdo se niega a partir, y un llanto para celebrar lo que ha quedado, por poco que sea, e infundirle residuos de conocimiento ancestral. Se balanceó al ritmo de su propia melodía y el eco de su voz primero la llenó a ella, haciendo que su cuerpo temblara, y luego llenó la selva. Se lamentó por kilómetros, arrancando los arbustos que su fuerza le permitía y arrojándolos a un lado del camino.

Finalmente, llegó al pueblo silencioso sin ser recibida por el canto de los gallos, las voces de los niños jugando, el sonido de un herrero golpeando un hierro candente para hacer una herramienta ni el humo saliendo de las chimeneas. Incluso sin estas señales de un tiempo que parecía lejano, se alegró de estar en casa y se vio corriendo hacia su casa, sus piernas de repente ganando más fuerza para su edad.

 

La luz de la hoguera pintaba las sombras oscuras de todos en las paredes de las casas a sus espaldas. Los jóvenes no eran tan numerosos y algunos se sentaban de mala gana junto a la hoguera. Los más entusiasmados eran de la generación de Oumu y Thomas, que habían oído a sus padres hablar de momentos como este, y algunos excepcionales como Hawa y Maada, quienes a pesar de lo que habían soportado, tenían una alegría dentro de ellos que tal tradición despertó aún más. Los otros pocos, que habían llegado al pueblo sin padres y deambulaban por ahí, ayudando aquí y allá para conseguir algo de comida, se sentaban solos. Escuchaban la historia con un oído enfocado en la reunión y el otro en guardia.

Sin importar quién estuviera presente y por qué, el pueblo entero había acudido para escuchar una historia de Mamá Kadie y de quienquiera que sintiera el impulso de contar algo. Esta era la tradición: los ancianos, en su mayoría mujeres, contaban una historia y otros ancianos se unían después. Algunas noches, esto se prolongaba hasta que incluso a los niños se les pedía volver a contar historias que habían escuchado. Esta noche, Mamá Kadie se puso de pie dentro del círculo y caminó alrededor de la hoguera mientras contaba la historia, ajustando la leña de vez en cuando para hacer el fuego más brillante o más tenue según el talante del cuento. Algunos de los chicos que se habían sentado lejos gradualmente se fueron acercando.

"¡Historia, historia, ¿qué debo hacer contigo?", gritó ella, el llamado para que el narrador comenzara, y la audiencia respondió: "Por favor, cuéntanosla para que podamos pasarla a otros". Repitió esto algunas veces hasta que todos pidieron que les contara la historia.

"Había un hombre que siempre se quejaba de su condición y estaba descontento con todos los aspectos de su vida, especialmente con su único par de pantalones, que tenían agujeros por todos lados. Se podían ver partes de su piel a través de los pantalones, por lo que desde lejos parecía que llevaba pantalones a cuadros. Cuando se acercaba, uno no podía evitar reírse del embellecimiento natural de sus pantalones. Pronto todos los jóvenes cuyos pantalones tenían agujeros comenzaron a decir que era un nuevo estilo, 'piel a tela'".

"El sastre del pueblo, por supuesto, estaba descontento con esto y culpó al hombre con los pantalones agujereados por arruinar su negocio. Ya nadie venía a remendar sus prendas, el embellecimiento natural se había convertido en moda. El sastre seguía al hombre a todas partes, esperando el momento perfecto para robarle y destruirle los pantalones. Al final de una tarde, después de volver de su granja, el hombre decidió bañarse en el río. Se quitó los pantalones y los lavó cuidadosamente. Luego los colocó en la hierba para que se secaran y se adentró en el río. Se sumergió en el agua para darse un buen chapuzón. El sastre, que había estado escondido entre los arbustos, decidió que esta era su oportunidad, pero justo cuando se preparaba para acercarse a los pantalones, otro hombre salió de los arbustos, tomó los pantalones, y desapareció. Cuando el hombre salió del río, no podía creer que sus pantalones habían desaparecido. Gritó: 'Si esto es alguna especie de broma de los dioses o de cualquier humano, no me estoy riendo'. Esperó un rato, pero no obtuvo respuesta. Luego vio las huellas del ladrón y empezó a reírse tan fuerte que se cayó al agua, y salió con dificultad, aún riéndose. Dijo: 'Debe haber alguien que está peor que yo, y si es así, por favor, que disfrute de lo que queda de mis pantalones. Gracias a Dios y a los dioses por no hacerme el hombre más pobre de todos'. Bailó entre las hierbas mientras el sastre observaba, aún insatisfecho porque sabía que el ladrón usaría los pantalones. Quería que fueran destruidos".

"Cuando el hombre caminaba por el sendero hacia el pueblo, el sastre salió de su escondite. Pensó que debía limpiarse y refrescarse. Se quitó la ropa y se sumergió en el río. El hombre desnudo escuchó el sonido del agua y corrió de regreso, pensando que podría ver quién le había robado. No vio a nadie, solo algunas prendas nuevas: pantalones largos y una camisa. Miró a su alrededor, pero el sastre estaba sumergido en el agua, disfrutando de su frescura, incluso la superficie del río se había calmado. El hombre bailaba mientras se ponía las nuevas prendas, pensando que este era un día maravilloso."

"Cuando el sastre subió para respirar, notó que no tenía nada que vestir. Fue algo extraño ver a un sastre corriendo desnudo por el pueblo".

La reunión estalló en risas. Los niños de la generación de Oumu se reían sinceramente y se repetían entre ellos las partes más graciosas. Los adultos se reían aún más porque sabían que la historia era cierta. El sastre estaba entre ellos y el hombre de los pantalones a cuadros también estaba allí. Pero, ¿quién era el ladrón de los pantalones? Nadie admitió serlo, ya que en este tipo de reuniones las cosas suelen arreglarse. Después de que las risas se calmaran, los adultos y ancianos formaron su propio círculo, dejando a los niños solos para que hablaran sobre las historias. Los adultos comenzaron una conversación seria. Había silencio entre ellos, pero los niños estaban jugando, riendo y aplaudiendo. Si Dios podía estar en cualquier lugar, aquí es donde él o ella estaba esta noche.

Nadie podría haber anticipado que esta sería la última de tales reuniones. Los ancianos habrían contado más historias si hubieran podido ver los cambios que traería el viento del tiempo. Pero en aquellos comienzos, era demasiado pronto para esperar algo más; solo esperaban cambios graduales y la reintroducción de antiguas costumbres. No podían pensar en un futuro tan distante.

A veces una historia no tiene un sentido inmediato: uno tiene que escucharla y guardarla en el corazón, en la sangre, hasta el día en que se vuelva útil.


 

Ishmael Beah | SIERRA LEONA |

Después de que su familia fuera asesinada en la guerra civil, Beah fue reclutado como niño soldado a los 13 años. Gracias a la ayuda de UNICEF, encontró una manera de incorporarse de nuevo a la vida civil y estudió en Estados Unidos.  Su obra autobiográfica A long way gone- Memoirs of boy soldier (2007) fue un bestseller internacional. Actualmente es embajador de UNICEF. Su tercer libro Little Family fue publicado en 2020.

@ishmaelhbeah @IshmaelBeah

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