ensayos

periferias 6 | raza, racismo, territorio y instituciones

ilustración: Juliana Barbosa

Solidaridad Bla(c)k e indígena 

Enfrentando el colonialismo y el antirracismo

Michelle Mashuro

| Zimbabwe | Australia |

traducido por Ana Rivas

La colonización es un proceso continuo. No terminó cuando los pueblos Bla(c)k1El término Bla(c)k hace referencia a las distintas experiencias e historias de los aborígenes, los isleños del Estrecho de Torres y otros pueblos de ascendencia africana. El término se acuñó en el contexto de una acalorada lucha política en las décadas de 1960 y 1970, cuando los pueblos aborígenes de Australia empezaron a llamarse a sí mismos negros. (N. del T.)(Fonte: https://iupress.typepad.com/blog/2018/08/exploring-blackness-in-australia-with-transition-magazine.html#:~:text=We%20use%20the%20particular%20spelling,refer%20to%20themselves%20as%20Black. ) e Indígenas tuvieron derecho al voto ni tampoco terminó con la inmigración de pueblos no indígenas a Australia. Cuando se habla de raza, racismo, territorio y instituciones en Australia, es imposible hacerlo sin enfocarse en las personas de las Primeras Naciones o Naciones Originarias en esta tierra robada2El término generaciones robadas se refiere a los niños de los pueblos aborígenes e isleños del Estrecho de Torres que fueron separados de sus familias entre 1910 y 1970. Esta política de asimilación fue llevada a cabo por el gobierno federal australiano, los organismos estatales y las misiones religiosas. (N. del T.)(Fonte: www.commonground.org.au/learn/the-stolen-generations .

Australia es un país joven en comparación con América la cual fue colonizada hace más de 530 años. Australia tiene apenas 250 años en comparación con América. Hay muchos pueblos indígenas y no indígenas que viven hoy y que aún tienen bisabuelos que vivieron los horrores de la Australia colonial y que recuerdan a la generación robada. La Australia colonial escasamente tiene 250 años. Sin embargo, los aborígenes han habitado la tierra durante más de 50 mil años, lo que los convierte en una de las civilizaciones más antiguas del planeta. 

La Australia colonial escasamente tiene 250 años. Sin embargo, los aborígenes han habitado la tierra durante más de 50 mil años, lo que los convierte en una de las civilizaciones más antiguas del planeta

Como mujer negra en Australia, entiendo y sé lo que es ser considerada la otra persona. Ser considerado menos por el color de mi piel, la textura de mi cabello o la comida que como. Mi experiencia con el racismo en Australia difiere de la diáspora de los negros en todo el mundo, aunque sin duda todos compartimos similitudes. Intrincadamente satirizados por estereotipos racistas clásicos lograron sin mucho esfuerzo enfrentarnos unos contra otros y hacernos sentir inferiores.  Cuando se habla de racismo, raramente el colorismo, el texturismo y la afrofobia se aborda en la conversación. Justificadamente, se aborda la brutalidad policial y los estereotipos de las mujeres negras. Sin embargo, poco hablamos de cómo en la escuela, como inmigrante negro, se espera que aspires a cosas menores, que escojas carreras profesionales dentro de tu nivel.

No hablamos de cómo las peluqueras negras podrían orientarte mejor sobre como alisar el cabello porque es más fácil para ellas. Tampoco hablamos de cómo la supremacía blanca perpetúa las clasificaciones basadas en la proximidad de una persona a la blanquitud, cuanto menos extranjero luzcas, más tolerable. BIPOC (Black , indigenous, and people of colour), negros, indígenas y gente de color que han estado en Australia muchos años, menosprecian a los nuevos inmigrantes y dicen que nunca serán tan ignorantes o extranjeros como ellos, todo en un intento para apaciguar a la hegemonía blanca.

El racismo es más profundo que las micro agresiones cotidianas o la falta de recursos en la comunidad, simplemente porque al gobierno no se importa lo suficiente como para hacer algo. La forma en que hablamos de raza y racismo en Australia se reduce a cómo abordamos los problemas con los que los indígenas han tenido que lidiar desde la llegada del hombre blanco. El avance o la liberación de Negros y Pardos no es posible si los derechos indígenas no son colocados en el centro de la conversación sobre el racismo en Australia. En pocas palabras, la discriminación no tiene fin en un país que se niega a reconocer adecuadamente los crímenes de su pasado y continúa cometiéndolos.

La realidad es que la colonización es un esfuerzo de grupo. Puedes ser tanto el oprimido como el opresor

La realidad es que la colonización es un esfuerzo de grupo. Puedes ser tanto el oprimido como el opresor. Las personas no blancas que vienen a Australia deben entender su posición como colonizadores en un estado colonial, en tierras donde los dueños originarios no tienen soberanía. Comprender cómo sus acciones contribuyen a la colonización continua de los pueblos indígenas, no es culpa de ellos; es así por diseño. El privilegio, creo, se describe mejor como un gráfico de barras. Eres más afortunado en algunas áreas que en otras. En el caso de las personas de raza negra y morena que llegan a Australia, tenemos un inmenso privilegio en comparación con los aborígenes.

Las personas no blancas que vienen a Australia deben entender su posición como colonizadores en un estado colonial, en tierras donde los dueños originarios no tienen soberanía

En primer lugar, tenemos el lujo de dejar nuestros países de origen y mudarnos a Australia en busca de una "vida mejor", pero los aborígenes no. En segundo lugar, existe un inmenso privilegio de poder poner un pie en la tierra de otra persona y llamarla hogar, sin su permiso. Como colonizadores en Australia o incluso Canadá, Estados Unidos o Nueva Zelanda, la gente hace esto todo el tiempo. Construimos un hogar en una tierra que ha sido testigo de genocidio y generaciones de abusos. Los pueblos indígenas de hoy tienen poco o nada que decir sobre cómo se trata su gente, se cuida su tierra o el futuro que les espera.  

Incrustado en el núcleo de Australia está el racismo, y el brote de covid-19 simplemente lo amplificó. A principios de julio de 2020, los residentes de una torre de viviendas públicas en Melbourne, Victoria, fueron sometidos a un “bloqueo estricto” por parte del director de salud de Victoria, Brett Sutton. El gobierno victoriano ordenó que los residentes de las torres permanecieran en sus pequeños apartamentos, algunos con familias de cinco o más personas que compartían un apartamento de dos habitaciones. Imposibilitados de salir, recibir visitas o incluso ir de compras. A los residentes sólo se les permitía salir de la casa para trabajos y servicios esenciales. Sin embargo, muchos de los residentes no eran trabajadores esenciales y no podían permitirse el lujo de faltar al trabajo. Estos esfuerzos debían contener la propagación del covid 19.

El avance o la liberación de Negros y Pardos no es posible si los derechos indígenas no son colocados en el centro de la conversación sobre el racismo en Australia

Las personas que están marginadas política y socialmente fueron sometidas a medidas extremas, con el pretexto de proteger al público en general de un brote de covid. Este incidente demuestra cómo la raza y la clase socioeconómica se utilizaron como herramienta para determinar el estatus de la cuarentena. Se tomaron medidas extremas en nombre de la salud pública. Sin embargo, estas mismas medidas no se aplicaron a los australianos blancos ni a los extranjeros alojados en hoteles cumpliendo la cuarentena. 

Muchos de los residentes de las torres eran de ascendencia aborigen, discapacitados, negros y morenos. En la parte externa de los edificios se instauró un policiamiento intenso y varios oficiales armados para garantizar que los residentes y el público en general cumpliesen el aislamiento. Las medidas provocaron la indignación de los residentes, familiares y amigos que no pudieron ver a sus seres queridos. El gobierno proporcionó a los residentes ingredientes vencidos y otros alimentos que no cumplían con los requisitos dietéticos de los residentes que comían alimentos halal, vegetariano o kosher.

Los procedimientos se implantaron con la intención de mitigar los riesgos. Sin embargo, la medida simplemente expuso el grado de tolerancia del gobierno y de la sociedad australiana a la violencia y la evidente desconsideración hacia las comunidades marginadas y vulnerables. Los residentes fueron tratados como ciudadanos desechables, de segunda clase, que no eran prioridad para el gobierno victoriano.

Australia ha fallado en rectificar los errores del pasado y reconocer que necesita mejorar no sólo con los inmigrantes que ingresan al país, sino con los dueños originarios de la tierra

Australia ha fallado en rectificar los errores del pasado y reconocer que necesita mejorar no sólo con los inmigrantes que ingresan al país, sino con los dueños originarios de la tierra. Por eso las atrocidades cometidas contra las comunidades desfavorecidas se repiten una y otra vez. Sin soberanía y justicia para los pueblos de las Primeras Naciones, no podemos esperar empatía y humanidad de los colonizadores que no reconocen ni admiten sus malas acciones.

En octubre, el primer ministro de Victoria, Daniel Andrews, ordenó que se talara el Djab Wurrung para construir una autopista. El Djab Wurrung, también conocido como “el árbol de las direcciones”, era un árbol sagrado para los indígenas de la etnia Djab Wurrung. Durante meses, la gente había protestado contra el plan del gobierno de talarlo y construir una autopista. Se estima que el árbol tiene unos 350 años y no está en la lista de protección estatal, por lo tanto, no califica para protección. La tala de Djab Wurrung es una historia tan antigua como el tiempo, que ilustra los continuos y violentos abusos de colonización y racismo que asolan Australia y todos los estados coloniales. Desafortunadamente, la vigilancia excesiva y la profanación de tierras sagradas no son incidentes aislados. Son los efectos del rechazo y la falta de conciencia de asumir la responsabilidad por el sufrimiento de millones.

Los casos de Djab Wurrung y las torres de viviendas públicas muestran al mundo cómo la Australia blanca ve a los inmigrantes y a los pueblos indígenas de manera diferente, pero, en última instancia, igual. Lo mismo, en el sentido de que ambos son inferiores a los de la sociedad blanca e indignos de tratamiento respetable. Diferente porque la supremacía blanca usa diferentes métodos para separar y deshumanizar a inmigrantes y pueblos aborígenes. Se considera que los inmigrantes son trabajadores, más inteligentes y que buscan una vida mejor, por lo que abandonan sus raíces y su vida anterior. 

Los indígenas son considerados lo contrario, perezosos, poco ambiciosos y salvajes para el hombre blanco. Estos estereotipos no solo se encuentran en Australia, sino también en el Reino Unido, Sudáfrica y Estados Unidos. Sólo creando un nivel de separatismo que permita que la supremacía blanca prospere estableciendo una diferencia entre ellos y nosotros cuando en realidad somos más parecidos de lo que ellos les gustaría que percibiésemos. 

Hay muchos inmigrantes que creen que los indígenas son vagos y se consideran mejores. Esta mentalidad trata de aproximarse más y encajar en la sociedad blanca y no ser como aquellos que consideramos inferiores. Pero la cosa es que ellos/nosotros nunca seremos como ellos. El separatismo es una herramienta de los supremacistas blancos para garantizar que no usemos nuestras diferencias y semejanzas como fortalezas. Cuando tratamos a las personas que son similares a nosotros como el enemigo, entramos en el juego de nuestros opresores, destruyéndonos mutuamente, es todo por diseño.

Cuando tratamos a las personas que son similares a nosotros como el enemigo, entramos en el juego de nuestros opresores, destruyéndonos mutuamente, es todo por diseño

Como mujer negra e inmigrante que creció en Australia, he vivenciado el racismo de primera mano. Sé lo que es ser ignorado, socavado e menospreciado. He sido testigo de la brutalidad hacia las personas que tienen mis mismas raíces y provienen de la misma tierra en la que pasé mi infancia. Mi tierra natal, Zimbabwe, mi pueblo se independizó de los colonizadores británicos en 1980. Mis antepasados ​​saben lo que es retornar a su hogar después de que se lo quitaron y lo moldearon a lo largo de generaciones. Sin embargo, los aborígenes y los isleños del Estrecho de Torres no pueden decir lo mismo; aún no llega su hora para oler los frutos de su trabajo.

Un ejemplo indiscutible de cómo es un país cuando es incapaz de aceptar y ser responsable por las atrocidades de su pasado es Estados Unidos. Estados Unidos tiene una larga historia de esclavitud, codicia capitalista y genocidio que, en última instancia, ha alimentado la cadena de suministro de la escuela a la cárcel, esclavitud moderna y el trabajo por debajo del salario mínimo. No podemos engañarnos creyendo que podemos conquistar instituciones racistas sin hacerlas responsables por sus atrocidades pasadas. El racismo es un comportamiento que se practica, y la historia ha demostrado que los estados coloniales han exhibido un desempeño ejemplar.

 "Porque ser libre no es simplemente deshacerse de las cadenas, sino vivir de una manera que respete y mejore la libertad de los demás".

Nelson Mandela entendió que la libertad no es particular, no se limita a la opresión de la propia realidad. Sabía que la verdadera libertad y el verdadero trabajo significaban liberación y libertad para todos. Por eso, cuando hablamos de antirracismo, no debemos olvidar abarcar a la gente de la tierra que ocupamos. En Australia, no tenemos derecho a hablar de raza sin considerar nuestro nivel de privilegio, incluso cuando nuestras experiencias son equivocadas. No hay liberación ni justicia para los negros sin la libertad y la soberanía de los pueblos indígenas, ya sea en suelo australiano o estadounidense.

Cuando hablamos de raza, racismo, territorio y instituciones, debemos posicionarnos adecuadamente y no vivir dentro la burbuja de nuestras propias experiencias

Entonces, cuando hablamos de raza, racismo, territorio y instituciones, debemos posicionarnos adecuadamente y no vivir dentro la burbuja de nuestras propias experiencias. Los negros consistentemente les toca la peor parte, en todo el mundo, la afrofobia engendra el afro-pesimismo. Sin embargo, no debemos olvidar el privilegio que tenemos al ocupar y establecernos en tierras que no son nuestras, simplemente porque, de hecho, somos los más discriminados. Al mismo tiempo, ganar las Olimpíadas de la opresión no nos concederá nuestra liberación.

Debemos estar conscientes de que nuestra existencia puede ser dañina y contribuir a la colonización continua de los pueblos originarios o de las Primeras Naciones. Cuando estamos conscientes de nuestra posición y de los espacios que ocupamos, puede convertirse en una fuente de fortaleza. Los gobiernos construidos sobre la base del racismo y el genocidio nunca estarán interesados en buscar, de corazón, lo mejor para nosotros. Mientras se nieguen a ser responsables y confrontar los crímenes de su pasado, continuarán perjudicando activamente a las generaciones venideras.

En todo el mundo, la afrofobia engendra el afro-pesimismo. Sin embargo, no debemos olvidar el privilegio que tenemos al ocupar y establecernos en tierras que no son nuestras, simplemente porque, de hecho, somos los más discriminados

Los esfuerzos de liberación y derechos humanos no pueden depender de promesas gubernamentales vacías. En cambio, debemos tratar de comprender mejor nuestros propios prejuicios y utilizar nuestro privilegio para ayudar a aquellos que no tengan los mismos recursos. En Australia, la población negra tiene el poder y el privilegio de amplificar las voces y preocupaciones del pueblo de las Primeras Naciones que de otra manera estarían en desventaja. Ayudando a aquellos que no siempre pueden ayudarse a sí mismos es donde reside el verdadero activismo y poder. Porque una vez que podamos garantizar los derechos y libertades de la gente originaria de la tierra en la que residimos, podremos sentar las bases para un futuro en el que haya equidad real para todos. 

Hablar de raza como negra en tierras robadas es complicado; no hay una talla única para todas las conversaciones, se complica más aún con la continua colonización, los gobiernos de supremacistas blancos y el genocidio. Al comprender mejor la tierra en la que nos asentamos y los derechos de los propietarios originales, podemos avanzar en nombre de la verdadera libertad y liberación.


 

Michelle Mashuro | Zimbabwe |

Michelle Mashuro es escritora y estudiante de psicología de Brisbane, Australia, que actualmente reside en Birmingham, Inglaterra. Cuando no está comiendo ramen, viendo televisión o leyendo, puedes encontrarla escribiendo artículos de opinión para varias publicaciones o trabajando en su libro. Michelle espera convertirse en psicóloga de relaciones humanas, autora de best-sellers y conquistar la madurez.

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