Editorial

periferias 6 | raza, racismo, territorio y instituciones

ilustración: Juliana Barbosa

raza, racismo, territorio e instituciones

por Zukiswa Wanner

Hoy es 19 de enero, año 2021, cuando comienzo a escribir este editorial. En gran parte de los Estados Unidos de América todavía es el día de Martin Luther King. Hoy también es el día en que hace seis años en Kenia, desde donde escribo esto, la policía lanzó gases lacrimógenos a niños de una escuela primaria. ¿Razón? Estos jóvenes ciudadanos protestaban por el despojo de tierras del patio de su escuela con el fin de construir un estacionamiento para el hotel de un “gran cacao”. Tanto los niños como el ricachón son ciudadanos del país. Pero, ante la decisión de elegir entre el bien y el mal, la institución policial eligió el mal y los ricos en vez del bien y los pobres. 

Durante el #BlackLivesMatter después de la muerte de George Floyd, un amigo hizo una publicación en Facebook, “¿Cuándo te diste cuenta de que la vida de los negros es importante?” Y lo interpreté en el sentido de “¿Cuándo te diste cuenta de que eras menospreciado?”.

Dos años de edad.

Este fue el primer pensamiento que se me ocurrió. Tuve que llamar a mi madre en Australia para confirmar que no lo estaba inventando. Que no eran cosas de mi cabeza. Ella me dijo que no. Estaba con mi madre. Una activista política de la otrora Rhodesia que había estado exiliada en Zambia conoció y se enamoró de un activista político sudafricano, me concibió y me dio a luz.

Dos años de edad.

Mi madre había decidido que intentaría pasarme escondida a la entonces Rhodesia, ahora Zimbabue, para que mis abuelos me vieran por primera vez. Mi madre es la hija mayor de una familia de ocho, así que este era un viaje muy importante. Sin embargo, no tuvo éxito. La pillaron cruzando ilegalmente y la arrestaron. Y aquí está mi trauma. Recuerdo haber llorado mientras este policía blanco de Rhodesia pinchaba su pecho mientras le hacía preguntas. Y ella, trataba de tranquilizarme al mismo tiempo que respondía al interrogatorio.

Fuimos liberados por mi abuelo con cierta ayuda de los camaradas activistas políticos de mi madre que estaban dentro del país. Pero hasta los diez años, me aterrorizaban los blancos y también pensaba que todos hablaban inglés. De forma dura. Como el policía que interrogó a mi madre.

Doce años de edad.

Finalmente superé mi creencia infantil y estoy en una escuela donde hay algunas personas blancas. Entre mis amigas está Charlie. Charlie tiene mi edad, pero está en un grado anterior al mío. Ella vive en mi calle. Nos divertimos mucho juntas. Compartimos historias sobre los chicos que nos gustan. Vamos juntas a la escuela. Charlie y yo vamos a la habitación de mi madre y jugamos con su maquillaje y joyas. Pero aquí está la cuestión. Nunca he entrado en la casa de Charlie. Cuando llego a su casa, me paro en la puerta y pregunto por ella. Ella sale y nos vamos a mi casa. Un día, cuando llego a su puerta, llegué al mismo tiempo que su hermano Pierre. “¿Por favor, dile a Charlie que estoy aquí?” Solicito. Y él lo hace. “Charlie, tu amiga kaffir está aquí”. En el sur de África, la palabra kaffir equivale a nigger (apodo peyorativo). Escucho a la madre de Charlie decir “Pierre, ve y discúlpate. Puede que te haya oído, hablabas tan alto”. Charlie corre hacia la puerta antes de que llegue Pierre. “Pierre está viniendo a pedirte disculpas. Por favor, dile que está bien”. Le pregunto por qué Pierre pediría disculpas. Ella no responde. Me voy. Yo, con doce años, me doy cuenta de que Charlie no es mi amiga.

Diecinueve años.

Los Angeles. Mi vuelo de Londres llegó tarde, así que perdí mi vuelo a Hawaii donde estudio en la universidad. Tengo que quedarme a pasar la noche en la Ciudad de los Ángeles. Muy pronto me doy cuenta de que estos ángeles no se parecen a mí. Me registro en el hotel. El restaurante del hotel está cerrado. Pregunto en la recepción dónde puedo ir a comer. Hay una pizzería al otro lado de la calle. Cruzo la calle. Me doy cuenta, cuando entro en la pizzería, que no tengo suficiente dinero (en ese momento estoy en mi fase vegetariana). Decido irme y buscar más dinero. Al salir de la pizzería, alguien me grita “hey”. Empiezo a caminar más rápido.

Este es mi primer día en Estados Unidos. ¿Estoy a punto de ser robada? “Oye”, vuelve a gritar la persona. Camino más rápido. De repente, siento que un hombre me agarra. Un policía. Estoy aliviada. Okey, está bien. Al menos es un policía. Mi alivio duró poco. Me pregunta si tengo drogas. Yo digo que no. Busca en mis bolsillos y solo encuentra mi pasaporte y el poco dinero que tengo. “Vete. No quiero volver a verte aquí “, dice. “Pero oficial”, digo pensando que estoy siendo racional, “me volverá a ver. No he comido y cuando busque dinero volveré''. Me mira como si fuera la persona más loca del mundo. “¿Ah? ¿Tú te la das de arrechita?” me esposó, contra la voluntad de su colega, me metió en una patrulla. Cuando llego a la comisaría, me requisan desnuda. Me piden que abra mis nalgas. Yo tengo diecinueve años. Siempre he respetado la ley. Nunca había sufrido tanta humillación en mi vida.

Cumpliré 45 este año.

Si tuviera que escribir todas las humillaciones a las que me han sometido en diferentes continentes, incluyendo el mío, por el color de mi piel.

Si tuviera que hablar sobre mi selección aleatoria en los aeropuertos a pesar de que he pasado por rigurosos procesos de visado.

Si.

Escribiría muchos libros.

 

Es un honor para mí ser la editora invitada de este número de Periferias 6 con el tema Raza, racismo, territorio e instituciones. Si lo que has leído sobre mis experiencias pasadas te entristece, entonces no vives en el planeta tierra o escoges no ver lo que le sucede a gran parte de las personas negras en todo el mundo. Ojalá esta edición pueda hacer algo para abrir tus ojos y que no sólo cuestiones por qué el racismo estructural resulta en la muerte de Joao Pedro Matos Pinto en manos de la policía en Brasil, o Augustina Arebu asesinada por la conocida unidad de SARS en Nigeria o Collins Khosa asesinado por soldados en el patio de su casa en Sudáfrica, sino que también trabajes activamente en su contra.

También espero que este número haga que los lectores no negros vean la interseccionalidad entre etnicidad, racismo, pobreza y territorio. Haciendo eco de algunas de las experiencias de quienes trabajamos en esta edición, la colombiana Maryuri Mora Grisales relata su trabajo en Sur 28. Este es sólo uno de los muchos textos que están a su espera en este número. Presta atención y reflexiona cuando Eduardo José Barbosa desafía a la izquierda de Brasil para ser mejores izquierdistas y menos neoliberales en su ensayo De pana: progresistas y antirracistas, ¿qué tal ampliar el debate?

Aguanta la respiración sabiendo lo que sabes sobre el trato que le dan a los cuerpos negros cuando Utanaan Reis ordena al joven Nelio bajar de un autobús por parecer sospechoso en El pastor alemán. Si no lo sabías, presta atención a las luchas de los kurdos por Zozan Sima y comprende la interseccionalidad de la lucha contra el racismo como se muestra en el ensayo de Mariam Barghouti sobre Palestina.

El ensayo de Merdi Mukore nos muestra paralelismos entre el racismo en Francia y el etnocentrismo en su República Democrática del Congo, mientras que el cuento de Howard Meh-Buh Maximus, que se desarrolla en Camerún, trata sobre dos jóvenes de la misma región que terminan con destinos diferentes. También vemos cómo hay instituciones y naciones que impulsan la narrativa del “mejor negro” (generalmente un expatriado de otro país) como lo muestra Michelle Mashuro en su ensayo sobre Australia. Cómo también hay instituciones que son administradas por negros bajo gobiernos negros que no tienen ningún respeto por sus ciudadanos negros (elija cualquier país africano o caribeño que desee y las historias de brutalidad policial contra los ciudadanos o la corrupción entre el gobierno y las empresas a expensas de los ciudadanos, abundan).

En mi Sudáfrica natal, los activistas por los derechos de los animales que no son negros hacen mucho alboroto sobre los miembros más oscuros de la sociedad que matan por razones espirituales. Lea los paralelismos de esta situación y el racismo en tales protestas en la excelente entrevista de Silvia Souza con el respetado abogado brasileño Hedio Silva.

Se te partirá el corazón al ver los ensayos fotográficos de la favela de Villa Autódromo luchando contra el desalojo en 2016 durante los Juegos Olímpicos, así como la tragedia de Brumadinho en 2019. Memoria congelada en imágenes. Pero esta edición también tiene mucha belleza. El año pasado se llevó a cabo virtualmente una exposición Origens # 3, Pangeia Festival, y artistas a los que quizás nunca tuvimos acceso como Cauã Bertoldo, Ione Maria, Isabella Alves y Cassimano participaron de la exhibición. Puedes volver a verlos en este número de Periferias con un ensayo del curador que te brinda más información al respecto. Luana Galoni nos recuerda de forma desafiadora cómo la negritud es vista a partir del otro:

A mi amor retinto  

mi amigo retinto

mi autor retinto 

mi pintor retinto 

mi padre retinto, 

quería hacerlos solamente padre

solo pintor 

solo autor 

solo amigo 

solo amor

Y pensé, bravo. Que podamos vivir nuevos tiempos en que simplemente seamos, Hasta entonces, sin embargo, para la gente negra que es y siempre ha sido mi principal audiencia, espero que este número les muestre la pluriversidad de nuestras experiencias, pero de igual manera, que les muestre dónde ser aliados cuando estamos en posición de poder y de toma de decisiones. Que lleguemos a vivir el momento en el que no tengamos que disminuirnos constantemente para no parecer amenazantes. Que podamos vivir para ver un mundo donde, parafraseando al Dr. King, nosotros, nuestros hijos e hijas y los hijos e hijas de nuestros hijos e hijas no seamos juzgados por el color de nuestra piel sino por la naturaleza de nuestro carácter. Pero si eso no sucede, que sepamos que tenemos un mundo lleno de hermanos y hermanas negras pero también de hermanos y hermanas no negras y que somos parte de este mundo de hermanos y hermanas negras y también de personas no negras que amplificarán las voces de cada uno y cada una cuando haya injusticia.

Cuando el incansable editor ejecutivo de Periferias, Daniel Martins, un hombre al que no conocía hace un año pero que se ha convertido en caja de resonancia y un hermano, me pidió que editara como invitada este número, le dije que sí porque me cae muy bien. Es un honor para mí haber editado la revista como editora invitada porque me abrió los ojos aún más al contemplar las similitudes de muchas de nuestras experiencias. Y mis ojos pudieron abrirse más aún, y espero que los suyos también se abran, gracias a un brillante equipo de traductores que tradujeron textos en francés, portugués, español e inglés para que las personas que hablan sólo uno de esos idiomas pueda apreciar toda la edición: Ana Rivas, Déborah Spatz, Edmund Ruge, Gabriela de Sousa, Jackson Schimidiek, Jemima Alves, João Aleixo, Karla Rodrigues, Karolina Mendes, Laura Faria, Lemuel Robinson, María Ortiz, Mariana Costa, Rane Souza, Stephanie Reist e Tainá Almeida. Si hay algo de monotonía en las palabras, las ilustraciones y collages de Juliana Barbosa las rompen brillantemente. La edición de imágenes contó con la ayuda imprescindible de Felipe Moulin, mientras que Paloma Calado realizó con esmero la programación de textos, poesía y fotografías en las cuatro versiones traducidas.

Obrigada, Thank you, Merci, Gracias a todo el equipo por su excelente trabajo.

Y para ti, lector y lectora, que leas, veas y reflexiones. Cuando hayas terminado de leer esta edición, que seas un nuevo ser humano, cambiado y cambiada y decidido y decidida a cambiar el mundo en el que vives de cualquier manera por más pequeña que sea en pro de la justicia social y racial. Así fue con quien contribuyó en este número. 

A luta continua.

En solidaridad,
Zukiswa Wanner

 

Revista Periferias es parte de UNIperiferias y de la Fundación Tide Setubal. Agradecemos a los autores que participaron en esta edición, así como a los apoyadores de la revista: Itaú Social, Instituto Unibanco, Fundación Heinrich Böll, Observatorio Favelas, Afrolit Sans Frontieres, Oxfam Brasil, Instituto de Pensamiento y Acción en Defensa de la Democracia — IPAD, Global Grace, la Universidad de Dundee y Migración para el Desarrollo y la Igualdad (MIDEQ).

Revista Periferias también agradece a Saulo Padilha, Letícia Coelho, Festival Pangeia y Exposição Origens, Hugo Dourado, e Bira Carvalho por ayudar a desarrollar esta edición.


 

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